3 J

El 3 de junio de 2015 marcó un antes y un después en el movimiento de mujeres en Argentina y en todo el mundo. Las imágenes de la masiva convocatoria recorrieron los medios de todos los continentes y causaron impacto porque nadie se la esperaba.

El disparador fue el caso de Chiara Paez. Cómo el caso de Agostina Vega que nos conmueve a todas, Chiara era una chica de 14 años que fue asesinada por su novio, quien la enterró en el patio de su casa en Rufino, provincia de Santa Fé. Su cuerpo fue hallado el 14 de mayo de 2015. En una ciudad que tiene alrededor de diecinueve mil habitantes, se movilizaron más de siete mil una noche para pedir justicia. «Basta de golpes, basta de muertes, basta de femicidios», y «A la violencia de género, cero tolerancia», decían algunos carteles.

Pero lo de Chiara no era un caso aislado. Dos meses antes se había encontrado el cuerpo de Daiana García en un descampado del conurbano bonaerense dentro de bolsas de residuos. También se recordaba el caso de Florencia Penacchi que había desaparecido justo 10 años antes, en 2005. El tema de la violencia machista había empezado así a estar presente en la escena nacional y lo que le pasó a la joven santafesina terminó de explotar la bronca e indignación de millones.

Por esos días se debatía por todos lados. Se hablaba en las redes, en las casas, en los lugares de trabajo, en las escuelas sobre la responsabilidad del Estado en los casos de femicidio, de estadísticas de las víctimas y del patriarcado como un problema estructural de esta sociedad. Lo de Chiara en este contexto terminó de explotar la bronca e indignación de millones de personas.

Por esos días empezó a viralizarse un llamado a movilizarse para el 3 de Junio contra la violencia hacia las mujeres. Desde las marchas de Rufino también estaban convocando. El tuit de la periodista Marcela Ojeda, que participaba de las actividades, interpelaba fuerte: “Mujeres, todas ¿no vamos a levantar la voz? Nos están matando”.

La jornada del 3J había sido organizada por un colectivo feminista integrado por periodistas, artistas y escritoras que venían haciendo acciones desde hacía algunos meses bajo la consigna: “Ni una menos”.

La frase se le atribuye a la poeta mexicana Susana Chávez, activista por los derechos humanos de la ciudad de Juárez, asesinada el 11 de enero de 2011 por denunciar la violencia contra las mujeres. En 2005 había escrito “Ni una mujer menos, ni una muerta más”. De esta potentes palabras en Argentina se adaptó a “Ni una menos, vivas nos queremos”.

La convocatoria que originalmente estaba pensada como una acción más del colectivo feminista se transformó en una masiva movilización donde miles y miles de personas, sobre todo mujeres, salieron a las calles a decir Basta. Se marchó en más de 80 ciudades de Argentina. Violeta y verde fueron los colores predominantes. Hubo marchas inéditas en pequeñas ciudades y hasta pueblos.

Si bien Ni una Menos empezó siendo contra las muertes por femicidio, cobró un significado mucho más grande incluyendo demandas. Ni una menos sin trabajo. Ni una menos precarizada. Ni una menos por abortos clandestinos.

No podría pensarse el posterior surgimiento de la Marea Verde y la enorme campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito que conquistamos sin este primer Ni una Menos y el impacto social que tuvo en Argentina y en el otros países también donde se hizo eco esta lucha. Como tampoco podría entenderse este poderoso movimiento sin las décadas de luchas previas.

Cada año la fecha cobra nueva relevancia. Este año las convocantes mostraron “la enorme preocupación, dolor y bronca ante la violencia machista por los femicidios, los crímenes de odio y la ideología reaccionaria como política de Estado promovida por el gobierno de Milei, que profundiza la discriminación. El pico máximo es, actualmente, el proyecto de Ley de “falsas denuncias” que busca aleccionar a quienes denuncian y reclaman justicia.

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