Raymundo Gleizer, el cine militante. A 50 años de su secuestro y desaparición forzada
Por Silvio Schachter
Raymundo Gleizer fue un cineasta que formo parte de una generación que entendió que la cultura es un compromiso, no de declaraciones sino de actos, donde lo que se hace se integra a la experiencia que se describe. El cine no solo como forma de comunicación, también como construcción, revelando lo que está detrás de lo aparente. Asume que no hay arte inocente, porque la neutralidad cultural suele beneficiar al poder existente. Por eso crea Cine de las Bases, pues sostiene que desde la base se crea la solidaridad para luchar contra la opresión. En sus palabras: “El documental no registra solamente la realidad, toma posición frente a ella”.
Raymundo nació en la Ciudad de Buenos Aires el 25 de septiembre de 1941, Hijo de Jacobo Gleyzer, inmigrante ruso-ucraniano, y de Sara Aijén, argentina de familia judía polaca, que usó el seudónimo artístico de Sara Aijembon. Ambos eran actores y activistas comunistas, miembros fundadores del Teatro IFT
Tras pasar por la Escuela Superior de cine de la Universidad Nacional de La Plata, comenzó con sus primeros trabajos fílmicos. En 1964 realizó La tierra quema, un documental que narra la miseria de los campesinos en el noroeste de Brasil. Posteriormente realizó el mediometraje Ocurrido en Hualfin (1966) junto con Jorge Prelorán.
Trabajo en noticieros (Canal 7 y Telenoche por Canal 13). Fue el primer camarógrafo argentino que filmó en las Islas Malvinas, desde donde produjo en 1966 una serie documental sobre vida cotidiana en las islas, para Telenoche, su documental Nuestras Islas Malvinas. Igualmente, fue el primero en enviar informes fílmicos y reportajes sobre el trabajo en la zafra del azúcar en Cuba, para emisión en la televisión argentina en 1970.
En 1970 realizo México, la revolución congelada. El filme es un análisis de la realidad sociopolítica de México, dentro del contexto histórico de la Revolución Mexicana, que termina con la masacre en la Plaza de Tlatelolco en 1968. Utilizo material de archivo desde la década de 1910. También se muestran escenas de la vida de una familia indígena en Chiapas, con imágenes anticipatorias de lo que fue la rebelión zapatista de los 90. El documental tiene puntos de contacto con la consagrada novela de Carlos Fuentes La muerte de Artemio Cruz publicada en 1962, una metáfora y una dura crítica al destino de la Revolución Mexicana. El fracaso de sus ideales y la corrupción de la élite política y económica. El film, el primer largometraje de Gleyzer, fue prohibido por la dictadura de Lanusse, en tanto en México el film recién se exhibió en 2007.La película obtuvo el Premio Leopardo de Oro en el Festival Internacional de Cine de Locarno, Suiza, de 1971 y el Premio al Mejor Documental en el Festival Internacional de Cine de Adelaida, Australia
Grupo Cine de la Base
En ese periodo se alejó del Partido Comunista Argentino y comenzó a militar en el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) se casó con Juana Sapire, quien fue la sonidista de sus películas.
En 1971 creó el grupo Cine de la Base junto a sus amigos militantes. Su preocupación era que las películas llegasen al pueblo. Los sectores populares, entendía, no iban al cine. Consideraban al cine como un acto cultural militante por el cual la proyección se transforma en acto, en un hecho político, proponiendo la cámara como herramienta de transformación social. Organizó y proyectó sus filmes en barrios, escuelas, universidades y fábricas; la gran mayoría de sus obras, para ese entonces, debían ser filmadas y estrenadas en la clandestinidad. En su búsqueda política y estética fue construyendo un modo de hacer que estuvo fuertemente influenciado por el contexto de la época y las posibilidades y limitaciones creativas. “Raymundo se e puso en el lugar del receptor desde el momento en que empezó a plantear su película, colocó al espectador en el comienzo mismo del proceso de realización de sus films”, dijo Fernando Birri
Así, el cine se transforma en una herramienta de acción política, en un espacio desde y sobre el cual actuar. El cine para tomar conciencia, con alcances inexplorados por la maquinaria del entretenimiento. Un acto que se enriquece a partir de la participación, del trabajo colectivo, de la unidad en la acción junto con otras y otros que compartan las mismas ideas, las mismas luchas. Con el enemigo al frente, claro y definido, el cine militante de entonces cumplió con la necesidad popular de ser la voz de los sin voz. “El cine no es solo un espejo para reflejar la realidad, es un martillo para darle forma.” Bertold Bretch
Este es el contexto real, les preocupaba la transformación de la sociedad y su herramienta era el cine. En ese sentido se partía del principio de que el primer deber del artista no era tanto declamar su compromiso revolucionario sino hacer buen arte. Este contexto es la Revolución Cubana, la guerra de Vietnam y las luchas anticoloniales, el Cordobazo cuyas imágenes documentales forman parte de Los Traidores,
Es el latido de las nuevas corrientes culturales que recorren Latinoamérica, el Cinema Nôvo, de Brasil, de Glauber Rocha y Joaquin Pedro de Andrade, que con su feroz crudeza sacude a los espectadores con la furia desatada de sus imágenes, es la expresión trágica y plástica del hambre y la pobreza en América Latina. Las obras de los realizadores como el chileno Miguel Littin, del boliviano Jorge Sanjines y el cubano Tomas Gutierres Alea. Es el tiempo del despliegue del llamado Teatro Independiente argentino, con Carlos Gorostiza, Juan Carlos Gené y Osvaldo Dragún, de elencos como los de La Máscara, el Fray Mocho y el Nuevo Teatro. Son los años donde el mundo descubre una literatura original, con un lenguaje propio, diversa, creativa y profundamente latinoamericana en los autores García Marquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Julio Cortazar entre otros.
Tres años antes, en 1968, Fernando Pino Solanas y Octavio Getino habían creado el grupo Cine Liberación, “nuestro cine debe ser un acto de liberación.” Dado a conocer con el film La hora de los hornos, demostrando que era factible pensar en un circuito alternativo y clandestino para que se desarrollara un cine que pudiera mantener sus contenidos sin ceder a la fuerte censura oficial de ese período. Con Cine Liberación realizaron su trabajo de difusión integrados en actividad conjunta con la Juventud Peronista.
Tenían en común el enfoque de un cine de alto contenido político, que servía para difundir realidades ocultas por los medios comerciales y propiciadores de debates y participación de sectores populares que asistían a las proyecciones en territorios donde otros no llegaban.
Si bien el enemigo, la dictadura, su política represiva y los intereses que defendía era el mismo, los separaba entre otros temas, la diferente interpretación sobre el peronismo y el papel de Peron, diferencias que se agudizan a partir de la Masacre de Ezeiza del 15 de junio de 1973 durante el arribo del líder a Argentina y el posterior accionar de la triple AAA organizada desde el gobierno.
Los Traidores
El grupo Cine de la Base realizo los mediometrajes Swift y Ni olvido ni perdón, la Masacre de Trelew con material de archivo sobre la trágica masacre, y una nota a los líderes de Montoneros, ERP y FAR realizada por la televisión chubutense que no se exhibió en medios de comunicación en esa época.
Entre 1972 y 1973 Gleizer filmó el largometraje Los Traidores, su primer y único largometraje ficcional, aunque tiene material documental, y en muchas tomas se aprecia la intención de darle ese carácter. Con guion de Alvaro Melián, Victor Proncet y el propio Raymundo, basado en el cuento La víctima del mismo Proncet.
La película muestra el proceso a través del cual un líder gremial, Roberto Barrera, proveniente de la Resistencia Peronista va transformándose en un corrupto jerarca sindical, quien pasa de ser un delegado que se preocupaba por la suerte de sus trabajadores a convertirse en un burócrata que termina siendo el vocero de los intereses de la patronal y los gobiernos a partir de su excelente capacidad tanto para la negociación como para la simulación. Mediante el uso de discursos de conocidos sindicalistas peronistas, extraídos de entrevistas y declaraciones reales, y sobre la base de una anécdota verídica, el auto secuestro del sindicalista peronista Andrés Framini, desarrolla una trama de intriga política y denuncia social. La película apela a la memoria histórico-social de los espectadores al tiempo que busca generar una reflexión crítica acerca de las prácticas político-partidarias en las corrientes del sindicalismo peronista de los ‘60 y ‘70. En sintonía con este registro ficcional-documental, algunos papeles eran interpretados por actores profesionales reconocidos como Víctor Proncet, Susana Lanteri, Lautaro Murúa, Walter Soubrié, Luis Politti y Osvaldo Santoro, entre otros.
El equipo de filmación tuvo que improvisar muchas locaciones y escenas, dada las condiciones complejas en que se realizó. Raymundo lograba conseguir lugares reelaborando el guion en situaciones que para otros hubiesen sido obstáculos insalvables, la secuencia en el Cementerio de Chacarita, por ejemplo. Sé de esas contingencias a través de mi madre, que en la película desempeño el rol de Chela, la mujer de Roberto Barrera.

Cuanto de lo que filmo Gleizer puede ser resignificado en la traición de la burocracia sindical del presente.
En 1973 se estrena otro emblemático film político, Operación Masacre, basada en el libro de Rodolfo Walsh, quien participa en el guion junto al director Jorge Cedron, con la participación de Norma Aleandro, Carlos Carella, José María Gutiérrez, Ana María Picchio y Walter Vidarte, entre otros con Julio Troxler sobreviviente de la masacre como el relator. Fue filmada en la clandestinidad durante la dictadura de Lanusse. Fue prohibida por la dictadura civico militar instaurada en 1976, Julio Troxler fue asesinado por la Triple A en 1974, Rodolfo Walsh baleado por miembros del Grupo de Tareas de la ESMA en 1977 y su cuerpo aún está desaparecido. Cedrón fue asesinado en Paris en 1980 y varios de los actores tuvieron que exiliarse.
Como señalo Manuel Gaggero: “Era complicado, tanto para Raymundo como para cualquiera que tenía una actividad en cultura, mantener ese nivel de exposición tan alto y a su vez tratar de salir indemne de la acción de la represión, que con el tiempo se volvió cada vez más intensa y de pronto empezó a golpear en todos lados”.
En 1974 llevo a cabo el cortometraje Me matan si no trabajo y si trabajo me matan, donde retrata la huelga de los trabajadores de INSUD por el envenenamiento con plomo en sus fábricas. Fue el último filmado por Raymundo. Con la dictadura instalada y a raíz de las persecuciones y detenciones, el grupo Cine de la Base expulsado al exilio realizó su último trabajo desde Perú: Las AAA son las tres Armas.
“Nosotros no hacemos films para morir, sino para vivir, para vivir mejor. Y si se nos va la vida en ello, vendrán otros que continuarán… “ Raymundo Gleyzer, 1974
En 1976 Rymundo realizó, por razones de trabajo, un viaje a Nueva York, pero como la filmación se demoraba, un mes después y a pesar de las advertencias de amigos y familiares en contrario, decidió volver a Argentina, donde seis días después de su arribo a Buenos Aires, el 27 de mayo de 1976, fue secuestrado de su domicilio por un operativo de las Fuerzas Armadas. Su departamento fue registrado y saqueado, aunque las latas conteniendo sus películas y las carpetas con información sobre las mismas, así como su correspondencia, fueron ignoradas por los saqueadores y pudieron ser rescatadas por Juana Sapire y su hermana Greta. Las copias originales de Los traidores tuvieron que ser sacadas del país y volvieron después de1983. Diversos testimonios coinciden en que permaneció detenido ilegalmente en el campo clandestino de concentración conocido como El Vesubio (Ezeiza), bajo el mando del Cuerpo I del Ejército, donde estuvo al menos hasta el 20 de junio de 1976. Gleyzer tenía entonces 34 años de edad.
El premiado film documental Raymundo (2003), de los directores Ernesto Ardito y Virna Molina, es un homenaje a su memoria.
“El cine es muy peligroso porque puede hacernos escapar de los prejuicios, las doctrinas inútiles y el miedo que paraliza.” Lucrecia Martel
El pasado 27 de mayo en el cine Gaumont se proyectó Los Traidores, remasterizada por el laboratorio digital del INCAA. En la presentación del film se hizo mención de la grave situación que atraviesa la cultura en nuestro país producto del vaciamiento a la que es sometida por el gobierno ultraderechista de Milei. La fecha es considerada como el Día del Documentalista, instituida en homenaje a Raymundo Gleizer y en él a todos los que en America Latina y el mundo han hecho del cine una militancia comprometida con los pueblos. Hoy el meridiano de ese compromiso pasa por quienes, a costa de sus propias vidas, nos testimonian con sus imágenes la barbarie sionista en Gaza y Cisjordania.
