Ni jubiladas/os, ni curas se salvan: brutal represión frente al Congreso

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cura paco golpeado

A metros del Arzobispado, golpearon a sacerdotes por estar con el pueblo. La Iglesia que caminó con Francisco no puede callar cuando reprimen a los que eligen la solidaridad del evangelio antes que la indiferencia.

Lo que ocurrió hoy en la Ciudad de Buenos Aires no es un hecho más. No es sólo otra represión. Es una señal alarmante de que el Gobierno está dispuesto a todo, incluso a reprimir con violencia a sacerdotes reconocidos por su compromiso con los más humildes, que caminaban en paz, con sus hábitos puestos, acompañando a los jubilados en su reclamo por una vida digna.

Gases, golpes y detenciones en una nueva marcha de los miércoles. Entre los heridos, el padre “Chueco” de Ciudad Oculta y Francisco “Paco” Olveira, referentes de la Iglesia en los barrios populares.

CARTA ABIERTA A MONSEÑOS JORGE GARCÍA CUERVA, Arzopispo de Buenos Aires –

Monseñor,

Hoy, a metros del Arzobispado de Buenos Aires, reprimieron con gases y golpes a sacerdotes que acompañaban una marcha de jubilados. No estaban haciendo otra cosa que lo que pide el Evangelio: estar al lado del pueblo, del que sufre, del que es olvidado. Estaban en la calle con sus ornamentos, dando testimonio de fe y de solidaridad, y fueron agredidos brutalmente por las fuerzas de seguridad.

¿Dónde está su voz, monseñor? ¿Dónde la palabra de esa Iglesia de Buenos Aires que caminó junto a Francisco, cercana a los pobres, presente en las villas, animando la esperanza del pueblo sencillo? ¿Dónde el pastor que acompaña a su rebaño, especialmente cuando es golpeado?

Hoy le pegaron a curas por no ser indiferentes. Les pegaron por defender a los jubilados. Les pegaron por no mirar para otro lado. Y eso, más allá de cualquier excusa política o administrativa, es inaceptable. Es un escándalo moral. Es un golpe al corazón mismo del Evangelio.

Francisco, nuestro Papa, nunca se calló ante la injusticia. No lo hizo cuando reprimieron a jubilados en el Congreso, no lo hizo ante el desprecio por los humildes, no lo hizo jamás cuando vio a los poderosos abusar de su fuerza. Porque el silencio en estos casos no es neutral: es cómplice.

Hace no mucho, cuando un grupo de vecinos del barrio de Flores repudió públicamente a la vicepresidenta Victoria Villarruel por su negacionismo y su complicidad con el genocidio, usted salió rápidamente a condenar ese escrache. Hoy, que golpearon a sacerdotes por acompañar al pueblo, ¿va a callar?

Le pedimos, con respeto pero con firmeza, que no lo haga. Que no se calle. Que levante la voz. Porque Dios camina con los pobres. Porque el rostro de Cristo se parece al de esos curas golpeados. Y porque el pueblo que cree, espera que sus pastores no se escondan.

En este tiempo oscuro, necesitamos una Iglesia valiente. Una Iglesia que no tema al conflicto si es por causa de la justicia. Una Iglesia que no se arrodille ante el poder, sino ante el pueblo sufriente.

Que el Evangelio sea más fuerte que el miedo.

Con respeto y con dolor,

Diego Molinas Junto a tantos y tantas que creemos en una Iglesia que se juega por los últimos

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