gringo

EN LA FECHA FALLECIÓ VÍCTOR CARLOS «EL GRINGO» FERNÁNDEZ, SOBREVIVIENTE DEL TERRORISMO DE ESTADO, LUEGO DE UN CÁNCER AL ESTÓMAGO. EL GRINGO FUE DETENIDO EN LA MADRUGADA DEL 21 DE SEPTIEMBRE DE 1976 EN LA TOMA JUNTO A GRACIELA FIOCHETTI, AMBOS LUEGO DE SER TORTURADOS EN LA COMISARÍA DE LA LOCALIDAD FUERON TRASLADADOS A DEPENDENCIAS POLICIALES DE LA CIUDAD DE SAN LUIS. EL GRINGO ERA MILITANTE PERONISTA, INSPECTOR DEL MINISTERIO DE TRABAJO DE LA NACIÓN. EN EL PRIMER JUICIO POR DELITOS DE LESA HUMANIDAD EN SAN LUIS EN EL QUE SE INVESTIGÓ Y CONDENÓ A LOS GENOCIDAS ACUSADOS, EL GRINGO BRINDÓ TESTIMONIO EL 4 DE NOVIEMBRE DE 2008, COMO VÍCTIMA DE TORTURAS Y TESTIGO DE LOS HECHOS QUE SE VENTILABAN EN DICHO JUICIO: DESAPARICIÓN DE GRACIELA FIOCHETTI, PEDRO VALENTÍN LEDESMA, SANDRO SANTANA ALCARÁZ Y LAS TORTURAS A VÍCTOR CARLOS «EL GRINGO» FERNÁNDEZ. A CONTINUACIÓN PÁRRAFOS DEL TESTIMONIO ANTE EL TRIBUNAL. EL GRINGO COMENZÓ COMENTANDO QUE SUFRIÓ DOS DETENCIONES.

«…La madrugada del 21 de septiembre de 1976 entraron a los gritos, a los golpes, en mi casa destruyeron todo, lo poco que tenía desperté con los gritos de militares y policías en mi propia habitación, donde dormía con mi esposa, embarazada de 5 meses» Sus otros dos hijos también fueron levantados y escucharon cuando el Comisario Becerra mandaba: “Si la mujer se resiste, mátenla”, refiriéndose a su mamá.
De aquel operativo ”Gringo” reconoció al Comisario Becerra, a Dana y a Plá.
“Me llevaron caminando golpeándome, a culatazos en la espalada y las piernas hasta la Comisaría de La Toma. En una oficina me ataron a una silla y mientras dos policías (Funes y Gil Puebla) me tenían de atrás, Becerra me pateaba la cabeza diciéndome: que era un hijo de puta, que me iban a matar y que iban a cortar las bolas”. También Becerra le arrancó los bigotes con una pinza. En ese lugar la vio a Graciela Fiochetti “la vi muy mal, tirada en el piso, sin vendas”.
Le vendaron los ojos y acostado en el piso, boca abajo lo trasladaron a San Luis en un camión en el que reconoció a su lado a Graciela Fiochetti. Fueron llevados a la Jefatura de Policía en calle Belgrano. Estando en una oficina donde le iban a cambiar la venda de los ojos, escuchó a sus captores: _“Sácalo de ahí” _“¿A éste?” _“No, a Ledesma”.

La primera libertad. Le hacen firmar un acta de libertad (“no sé qué firmé”)y es introducido en el baúl de un auto (“un Torino”), después de un recorrido es pasado al baúl de otro vehículo y llevado a un lugar que cree puede ser en cercanías al Hipódromo, donde es torturado (submarino) golpeado e insultado. “Me tiran a un lugar, se escuchaba mucho grito, mucho llanto. Llega un camión y alguien dice: los que van a la Florida y estos van para Las Salinas”. Estando muy dolorido y sobre otros cuerpos que cree estaban sin vida, escucha que alguien dice “Este tipo está vivo, yo lo vuelvo a la ciudad, que Becerra lo mate” y lo dejan en libertad. Una vez libre, intentando regresar a su casa, se encuentra con la madre y la hermana de Graciela Fiochetti que le preguntan por ella y les responde “debe estar en la Central, no sé”, también relata Fernández que le dijo a doña Laura (madre de Graciela), «…ya está viejita, ya está…», convencido que la habían asesinado.

Segunda detención.
Con mucha dificultad llegó a su casa materna en La Toma; recibió un reparador café con leche de su madre y se fue con su familia a su casa «estaban todos mal».
Acababa de ver los destrozos dejados por el operativo sufrido, y estando en el patio, ve llegar a la Policía: “Está detenido por orden del Ejército”.
“En la Central, en San Luis me recibió Becerra a golpes, “la próxima te arranco la lengua”, me dijo”, y siguió una sesión de torturas, arrancando los bigotes con una pinza y en fue colgado de un brazo, luego de la pierna. Secuela de eso es el desgarro del brazo derecho que todavía padece. “Me aplicaron algo eléctrico, picana creo”.

Preguntado si reconocería a sus torturadores, mencionó a Becerra y a Plá “tenía una voz fuerte, de mucho mando. En la central, él daba las órdenes: “Háganlo mierda”, decía. Esa voz no se me olvidó jamás”.
_“¿Está en la sala el que usted conoce como Plá?- preguntó el juez.
_ Sí (y con seguridad señaló con su brazo desgarrado hacia el imputado del extremo).
Ofuscado y escudado detrás de su defensor el acusado le gritó: ¡Mentiroso! y desde el público muchas voces le replicaron:¡Asesino!
Llamado al orden, Plá debió disculparse.

Otros nombres que recordó mencionados por sus represores fueron: Fernández Gez “era el comandante, el que daba las órdenes”; Loaldi y el Mayor Franco; Velázquez y Orozco.

En tres oportunidades le hicieron firmar actas de libertad, con fecha 21, 23 y 25 de septiembre. En ningún caso conoció el contenido, como tampoco lo hizo su esposa cuando, junto al vecino Piñeiro fueron obligados a firmar el acta de allanamiento de su casa, tras la violenta detención de “Gringo”.
Esos documentos le fueron exhibidos en la audiencia, y después de 32 años conoció de qué se trataban. Las actas de libertad eran iguales, contenían 6 incumplidos puntos: que “el firmante declara que no ha sido sometido a presión alguna” que queda notificado de que no debe abandonar la provincia; que no debe hacer declaraciones públicas; que no ha recibido malos tratos ni se la ha hecho carecer de alimento y atención médica; que “toma conocimiento de que su conducta es controlada por las Fuerzas Armadas y de Seguridad y ante las más leve sospecha de vinculación con la delincuencia subversiva será detenido y confinado”…
También miente el acta de allanamiento: … establece la constancia de que no se produjo daño alguno. No se secuestraron elementos…”

Por su parte la Fiscal preguntó: -¿Vio a alguna autoridad judicial?, ¿Su familia hizo algún reclamo?
» No, era imposible, nadie podía reclamar nada, ¿ quién iba a animarse a reclamar?, si el que reclamaba desaparecía…»

«Al recuperar la libertad pensé que también recuperaría mi trabajo, no fue así. Me impidieron reintegrarme con el argumento de que había perdido el trabajo por estar vinculado a actividades subversivas, nunca mandaron telegrama ni notificación alguna. Tampoco en democracia me reintegraron. Trabajé de carnicero, jornalero…»

EL FINAL DE SUS DÍAS LO ENCONTRÓ AL GRINGO EN VILLA MERCEDES, TRABAJANDO, RODEADO DE SUS AFECTOS, HIJA, HIJO, HABÍA FALLECIDO SU COMPAÑERA Y ADEMÁS PRESENTE EN LAS LUCHAS POPULARES REIVINDICANDO SU MILITANCIA, CONVICCIONES Y EXIGIENDO MEMORIA-VERDAD-JUSTICIA-

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