semana tragica

Con la huelga que venían realizando los obreros de los talleres Vasena en reclamo de la reducción de la jornada laboral de 11 a 8 horas, mejores condiciones de salubridad, la vigencia del descanso dominical, el aumento de salarios y la reposición de los delegados despedidos, comienza la llamada Semana Trágica de Buenos Aires, durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen.

PRIMER DÍA 7 DE ENERO 1919

Con la súbita represión por cuenta y orden de la propia Policía Federal, la acción conjunta de la desmandada Policía, el Ejército y los paramilitares, dejó un saldo que se calculó en alrededor de 700 muertos y 4000 heridos.

Si bien el Departamento Nacional del Trabajo había apoyado los reclamos obreros, la empresa se rehúso a obedecer, reemplazó a los trabajadores por rompehuelgas provistos por una autodenominada Asociación Nacional del Trabajo y la actuación intimidatoria de grupos paramilitares de la Liga Patriótica, razón por la que el conflicto se prolongaba desde mediados del mes de diciembre.

MASACRE DEL 7 DE ENERO: COMIENZA LA SEMANA TRÁGICA

El 7 de enero, nuevamente en la esquina de Pepirí y Amancio Alcorta donde estaba el local sindical (Alcorta 3483), aproximadamente a las 15:30, más de cien policías y bomberos armados con fusiles Mauser, apoyados por rompehuelgas armados con Wínchesters, dispararon contra las casas de madera, los huelguistas y los vecinos. Durante casi dos horas se dispararon cerca de dos mil proyectiles. Una gran parte de las fuerzas de seguridad ya estaban apostadas desde mucho antes en el techo de la escuela La Banderita ubicada en la esquina mencionada y en la fábrica textil Bozalla ubicada frente al local sindical, que también estaba en huelga. Entre las fuerzas atacantes estaba incluso uno de los dueños de la empresa, Emilio Vasena.

El cronista del diario socialista La Vanguardia describió el panorama con el que se encontró al llegar al lugar, con estas palabras:

“Hay que ver cómo están las paredes, puertas, vidrieras y el interior de las casas. Unos obreros nos dijeron que para librar a sus hijos de las balas, los hicieron esconderse en el piso debajo de las camas. Casi todas las paredes de esas construcciones son de madera, de modo que las balas las atraviesan con facilidad. Con mayor razón si los disparos se hacían de pocos metros de distancia. En una casa frente a la escuela, una bala atravesó tres paredes, rompió el espejo de un ropero, atravesó las ropas y se incrustó en la pared. Hay habitaciones interiores en esas casas que tienen balas incrustadas a 50 cm del piso, lo que probaría que esos proyectiles se han disparado desde la azotea de la escuela”

Como resultado del ataque murieron Toribio Barrios, español de 50 años, asesinado a sablazos en la calle; Santiago Gómez, argentino de 32 años, asesinado dentro de una fonda; Juan Fiorini, argentino de 18 años, asesinado en su casa mientras tomaba mate con su madre; Miguel Britos, argentino de 32 años; y Eduardo Basualdo, de 42 años, que moriría al día siguiente. Ninguno de ellos era empleado de Vasena. Las personas heridas de bala superaron las treinta, entre ellas Irene Orso o Curso, italiana de 55 años; Segundo Radice, italiano de 54 años; Basilio o Cecilio Arce, argentino de 48 años; Miguel Ala, turco de 19 años; José Salgueiro, argentino de 18 años; Pedro Velardi, italiano de 29 años; Martín Pérez, español de 48 años; Humberto Pérez, argentino de 22 años; José Ladotta, italiano de 55 años; José Santos, portugués de 46 años; y Gabino Díaz, argentino de 40 años.

El parte policial informó que sólo tres policías habían recibido lesiones mínimas (dos golpes y un mordisco) y que uno solo había sufrido una herida de cierta consideración, al recibir una cuchillada.

La magnitud de la masacre fue verificada de inmediato en el lugar de los hechos por el diputado socialista Mario Bravo, por los cronistas del diario socialista La Vanguardia, por la revista Mundo Argentino y por la tradicional revista Caras y Caretas.

Inmediatamente después de la masacre el gobierno radical buscó terminar el conflicto. El ministro del Interior Ramón Gómez dio instrucciones al jefe de policía Miguel Denovi y al director del Departamento de Trabajo Alejandro Unsain, para que entrevistaran a Alfredo Vasena y obtuvieran de él la concesión de varios de los puntos del petitorio de huelga. Unsain y Denovi fueron a la empresa y consiguieron que Vasena aceptara aumentar los salarios un 12%, reducir la jornada a 9 horas de lunes a sábado (54 horas semanales) y readmitir a todos los obreros en huelga. Esa misma noche a última hora, Unasin y Denovi consiguieron que Vasena y los dirigentes sindicales, se reunieran en la jefatura de policía y llegaran a un principio de acuerdo, que se formalizaría al día siguiente en la sede de la empresa. Vasena se comprometió también a no realizar actividades al día siguiente, para evitar nuevos incidentes. El conflicto en los Talleres Vasena parecía a punto de quedar resuelta.

Pero los asesinatos habían generado una indignación generalizada en los sectores obreros y en los barrios populares del sur de la ciudad, que se reflejó de inmediato en la gran cantidad de gente que se congregó en los locales sindicales, socialistas y anarquistas, especialmente en los dos en los que se velaron a los muertos, la sede del sindicato en Alcorta 3483 y la «casa del pueblo» socialista en Loria 1341 -a dos cuadras de la fábrica.

Esa misma noche los comerciantes de Nueva Pompeya decidieron cerrar sus negocios al día siguiente, en señal de duelo por los muertos. Simultáneamente, uno de los principales sindicatos del país, la Federación Obrera Marítima (FOM), de la FORA IX, declaraba la huelga por la falta de respuesta a sus peticiones por parte del Centro Argentino de Cabotaje… (Seguiremos contando día por día hasta la finalización el día 14 de esta semana que el nombre de trágica quizás le queda chico)

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