CAMPAÑA ELECTORAL OPOSITORA A TODA MARCHA

Juntos por el Cambio se lanzó a la campaña electoral con actos muy publicitados y celebrados por los medios opositores, que a la vez renuevan recursos y manipulaciones contra la vacunación, el objetivo que desvela a los gobiernos de todo el mundo. Para eso, retroceden más de medio siglo para reponer el fantasma del comunismo, agregándole ocurrencias desopilantes: La Nación dice el domingo 24 que vacunará La Cámpora, no el personal de salud calificado (foto: El Diario de La Pampa)
El presidenciable Rodríguez Larreta hizo una puesta de campaña con las clases presenciales e impulsó activismo digital con ese fin, con un formidable acompañamiento mediático. Así se da la paradoja de que el dispositivo de poder que en los 90, de la mano de Susana Decibe, puso en marcha la desarticulación del sistema educativo público y su mercantilización, al compás de un negocio que crece a escala mundial, le arrebató al peronismo una de sus banderas principales.
Esto explica la descalificación y en suma el odio a los sindicatos y sus dirigentes, como el que escupe con sus tonos nauseabundos la ministra porteña, Soledad Acuña, incapaz hasta lo indecible de garantizar estándares de prevención del COVID pero perspicaz cuando identifica a esas organizaciones como el obstáculo principal para su obra de destrucción de la educación pública.
Los medios que sostienen a Juntos por el Cambio son los que aportan despliegue para que los gremios sean tipificados como opositores a la “vuelta a las aulas”. Esta impunidad comunicacional le permite al jefe de Gobierno cacarear con las escuelas mientras se niega a vacunarse, igual que la tropa a su mando, y resiste abrir el registro de personas que quieran hacerlo.
La otra gran estocada la dio Patricia Bullrich, al organizarse en Villa Gesell un mini desfile de agentes de la Policía bonaerense en un acto de lanzamiento de campaña que venía despoblado y que parecía condenado a la intrascendencia. Especialista en golpes de efecto -hasta Elisa Carrió desnudó esta característica, la principal de una gestión plagada de estadísticas falsas sobre “seguridad”-, Bullrich se dio el lujo de reclamarle indulgencia al ministro Berni, otra vez sorprendido por hechos de gran sonoridad política -tapas de diarios incluidas-, aunque mucho menos grave que el alzamiento policial de septiembre, que incluyó un cerco a la Quinta de Olivos.
Estas operaciones demandan gran espacio mediático y relegan a planos inferiores lo que verdaderamente importa: el avance de la vacunación. Cada día que pasa es un problema para el dispositivo de poder orientado por Clarín, Infobae y La Nación y en el que Juntos por el Cambio es furgón de cola: la Sputnik responde según lo previsto por la ciencia, las y los vacunados siguen considerándose argentinos y no piden la nacionalidad soviética, diría TN, y no queman la celeste y blanca para reemplazarla por el “trapo rojo”.
Se organizan más vuelos para las dosis anunciadas y previstas, y todo esto sí que parece tener efectos adversos fuera de todo control: el martes Clarín elevó a tapa una andanada anti-rusa del “prestigioso” The Wall Street Journal. El texto dice que en la Argentina hay “desconfianza” hacia la Sputnik y la “evidencia” al respecto la da una encuesta publicada por… ¡¡CLARÍN!!
Grotesco, sí, pero se atrevió a más Infobae: Letjman tecleó el martes que “los expertos de propaganda política del Kremlin” saboreaban que Alberto Fernández les hiciera el regalo político de vacunarse con la Sputnik V “antes que Vladimir Putin, líder inobjetable del comunismo mundial”. Estas líneas fueron tachadas en una versión posterior de la nota: no alcanzó para negar que el texto que tuvo un lugar muy preponderante haya sido publicado con un “error” que deja en ridículo a su autor y a su medio. Porque el redactor será políticamente un fanático, pero no es ignorante.
No quiso quedar rezagada Paola Robles Duarte, de La Nación, en un artículo del sábado que usa la siempre inquietante palabra “denuncian” para el caso de dos personas que en Entre Ríos contrajeron COVID días después de vacunarse. Luego, como explica cualquier folleto de salud, admite que la inmunización requiere un tiempo mínimo de 20 días, que no había transcurrido en estos dos casos.
¿Se pueden correr estos límites para apoyarse en la ignorancia y el prejuicio del público rehén de estos medios y manipularlo todavía más? Sí, es posible, y lo hizo el domingo 24 Morales Solá en La Nación, quien dice que en la Provincia de Buenos Aires la vacunación no estará a cargo del personal de salud sino de “jóvenes de La Cámpora”.
Estas elaboraciones mediáticas afrontan malas noticias referidas a otras vacunas, como las dificultades lamentables de Pfizer en Noruega e Israel, o la de Moderna en California. O que el gobierno de Hungría, que no está controlado por los K ni La Cámpora, haya resuelto adquirir la Sputnik V. En todos los casos, son hechos que pasan fugazmente por estos medios.
Fuera de la agenda de salud, los medios opositores dieron amplia repercusión a las quejas empresarias por medidas del Gobierno que protegen a las y los argentinos menos acomodados, como la prórroga en la prohibición de suspensiones y despidos, doble indemnización con tope y congelamiento de alquileres. La cantinela es unánime en la reproducción de gacetillas y en notas de “análisis”: toda decisión que no favorece a los que más tienen “daña a la economía”.
Estas resoluciones son enganchadas a un relato que, una vez más, alerta sobre el “avance” de Cristina Kirchner y La Cámpora, y para eso usan también el caso de YPF y la salida de Guillermo Nielsen. Desplegaron argumentos con esta matriz Bermúdez, Roa y Van der Kooy en Clarín, y Rodríguez Yebra, Rosemberg y Morales Solá en La Nación.
Asumió Joe Biden y varios acuciosos redactores y corresponsales repitieron una fórmula: cuando fue vicepresidente de Obama se llevó mal con el kirchnerismo, que cometió la osadía imperdonable de revisar un avión del amo que había aterrizado en el país con material de uso militar no declarado.
Todas y todos se frotan las manos con la posibilidad de un conflicto: aunque afirman que Biden no será tan bestial como Trump, mantiene el sostén político a Guaidó, el autoproclamado presidente venezolano, acusado de robar con su banda parte de las “ayudas humanitarias” para su país. En esto, corresponde aclarar, hay algo de cierto: los intereses internacionales de Estados Unidos son permanentes, y en este caso el objetivo es adueñarse del petróleo venezolano.
Este tema fue tratado con insistencia por Letjman, de Infobae, que no pega una. Escribió una y otra vez que un mensaje en medios digitales de la Cancillería, que al saludar a Biden reivindicó el multilateralismo, causó el enojo del Presidente. Así, el redactor -que pretende hacer creer a los lectores que accede a las palabras textuales de Alberto Fernández, e incluso a diálogos completos que alguna fuente en teoría le proporciona-, pronosticó la etapa final del canciller Felipe Solá, jugó con nombres de reemplazantes -el embajador Argüello promocionado siempre en primer lugar- y arriesgó que estaba en duda que viajara en días próximos a Chile junto al Presidente.
Pero el domingo 24 tuvo que dar una brusca reversa y publicó que Solá “continúa”. Fernández, que según Letjman le cortó el diálogo al canciller, al final sí dialoga con el canciller, y así lo hizo personalmente, el sábado por la mañana. Eso sí, el redactor es tenaz: reproduce palabras, frases, silencios e intercambios completos que corresponden supuestamente a ese encuentro. No hay muchas posibilidades en este caso, como en el de otras “plumas” opositoras: o en el entorno presidencial hay alguien que propala con gran generosidad -incluso tomando notas, o grabando reuniones privadas del presidente- o estamos ante una jauría de fabuladores.
