A 78 años la Nakba no terminó: mientras continúe su causa, continuará la lucha palestina.

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Militante palestina originaria de Ber al-Saba, hija de una familia palestina desplazada por la fuerza de su tierra, nacida en Gaza y exiliada en España, donde continúa luchando por la liberación y el retorno del pueblo palestino.

A 78 años de la Nakba, el pueblo palestino continúa recordando que su tragedia no pertenece únicamente al pasado. La Nakba no fue solo el desplazamiento masivo de cientos de miles de palestinas y palestinos ni la destrucción de sus aldeas, sino la imposición de un proyecto colonial sobre Palestina cuya existencia sigue marcando el presente. Mientras continúe la ocupación, el exilio y el despojo, la Nakba seguirá vigente. Y con ella, también continuará la lucha del pueblo palestino por la liberación y el retorno.

Cada 15 de mayo, el pueblo palestino conmemora la Nakba. Habitualmente se traduce esta palabra como “catástrofe”, pero esa traducción, aunque correcta en apariencia, no alcanza a expresar todo el significado político, histórico y humano que contiene en árabe. La Nakba no fue simplemente una tragedia o un desastre repentino. No fue un accidente de la historia ni una calamidad natural. La Nakba fue —y sigue siendo— un proceso de desposesión colonial impuesto sobre Palestina y su pueblo.

Por eso, cuando el pueblo palestino afirma que “la Nakba continúa”, no habla únicamente de memoria histórica ni de un episodio cerrado del pasado. Habla de una realidad que sigue viva porque el hecho que originó la Nakba continúa existiendo hasta hoy.

La Nakba se conmemora el 15 de mayo porque fue ese día de 1948 cuando se anunció oficialmente la creación del Estado sionista llamado “Israel” sobre la tierra palestina. Ese hecho político e histórico es, en sí mismo, la Nakba.

La Nakba no es solamente el desplazamiento forzado de más de dos tercios del pueblo palestino. No es únicamente la destrucción y el borrado de más de 530 aldeas y ciudades palestinas. No son solamente las masacres cometidas por las bandas armadas sionistas contra la población palestina. Aunque todo eso forma parte inseparable de la tragedia palestina, el núcleo de la Nakba es otro: la implantación de un proyecto colonial sobre Palestina y el reconocimiento internacional de ese proyecto como un hecho consumado.

Desde décadas antes de 1948, el pueblo palestino ya enfrentaba el avance del proyecto sionista impulsado y protegido por el imperialismo británico. Palestina resistió. El pueblo palestino luchó contra la colonización británica y contra el asentamiento sionista con la esperanza de derrotarlo. La gran revolución palestina de 1936-1939 fue una de las expresiones más importantes de esa resistencia histórica. No fue un pueblo pasivo ni ausente de su propia historia; fue un pueblo que combatió por su libertad.

Sin embargo, el 15 de mayo de 1948 representó una ruptura histórica profunda. Ese día no solo se proclamó el Estado sionista. También llegó el reconocimiento inmediato de muchas potencias internacionales, legitimando la ocupación y el despojo sobre Palestina. Al mismo tiempo, la derrota de los ejércitos árabes en la guerra de 1948 destruyó gran parte de las esperanzas que muchos palestinos habían depositado en la posibilidad de impedir la consolidación de ese proyecto colonial.

Eso fue la Nakba: la constatación de que Palestina estaba siendo entregada a un proyecto colonial de asentamiento respaldado por las grandes potencias internacionales, mientras cientos de miles de palestinos eran expulsados de su tierra.

Por eso la Nakba no puede reducirse únicamente al exilio o al sufrimiento humanitario. La Nakba es un proceso político colonial que continúa mientras continúe existiendo la causa que lo originó.

Y esa causa sigue presente.

Continúa en la ocupación de Palestina. Continúa en el colonialismo de asentamiento. Continúa en el apartheid, en el asedio contra Gaza, en las cárceles, en el robo de tierras, en las demoliciones de hogares, en el exilio forzado de millones de refugiadas y refugiados palestinos a quienes todavía se les niega el derecho al retorno. Continúa porque el proyecto que expulsó al pueblo palestino de su tierra en 1948 no terminó; simplemente adoptó nuevas formas y nuevas etapas.

Pero si la Nakba continúa, también continúa la resistencia palestina.

La lucha del pueblo palestino no terminó en 1948, ni en 1967, ni tras décadas de ocupación, exilio y represión. Cada generación palestina ha continuado esa lucha de distintas maneras: en la resistencia popular, en la defensa de la tierra, en las cárceles, en los campos de refugiados, en la diáspora y en Gaza, que hoy representa uno de los símbolos más claros de la firmeza de un pueblo que se niega a desaparecer.

El pueblo palestino sigue afirmando algo fundamental: que la liberación no es una cuestión del pasado, sino una tarea del presente y del futuro.

Por eso conmemorar la Nakba no significa únicamente recordar el dolor. Significa comprender las causas históricas y políticas que lo produjeron. Significa rechazar los intentos de convertir la cuestión palestina en un simple problema humanitario desvinculado de sus raíces coloniales. Y significa también reafirmar que mientras exista el hecho que causó la Nakba, la lucha palestina seguirá vigente.

Porque los pueblos pueden sufrir derrotas históricas sin desaparecer. Y porque ninguna catástrofe colonial puede borrar el derecho de un pueblo a resistir, regresar y liberar su tierra. Y mientras la Nakba continúe, la resistencia continuará también, hasta el retorno y la liberación completa de Palestina, del río al mar, y hasta el desmantelamiento del proyecto colonial sionista que fue el origen de la Nakba y la causa de su continuidad hasta hoy.

(Artículo exclusivo para la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales En Defensa de la Humanidad de Jaldía Abubakra)

Fuente: humanidadenred.org

Publicado en Huella del Sur

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