Todos los fuegos, el fuego
(*) Nilda Bulzomi
“Todo comenzó cuando la Muerte, desobedeciendo el mandato de no engendrar jamás otros seres, hizo una criatura de su propia sustancia. Y fue su hijo, y lo amó. En ese vástago feroz, el Odio Eterno encontró voz y sombra en este mundo”
Liliana Bodoc, Los días del venado.
Una delgada y erguida columna de humo se divisó en la zona intangible el 9 de diciembre de 2025. Hubo tormenta eléctrica por esos días, algo poco frecuente pero posible, y había caído un rayo. Que esa columna de humo fuese delgada era síntoma de que afectaba a un pequeño sector, que se elevase tan derechita indicaba que no había viento. Había buena visibilidad, nos dice el cielo celeste. Se supone entonces que la acción del helibalde que está en la Intendencia del Parque Nacional Los Alerces podría haber apagado ese fuego y que también podrían haber actuado algunos hidrantes. Pasaron los días. Las autoridades del Parque Nacional Los Alerces- PNA hablaban de un fuego controlado.
Cuando lo controlado se hizo incontrolable y lo innombrado innombrable, varias denuncias de vecinos en el Juzgado Federal de Esquel mediante, se interviene formalmente el Parque. Para entonces, el viento había trasladado el fuego por kilómetros en el margen intangible y la fuerza convectiva lo había hecho cruzar el mismísimo Lago Menéndez. Durante ese período, los comunicados oficiales del Parque se centraban en que el lugar estaba operativo para el turismo.
El 5 de enero de 2026 inicia otro incendio, esta vez en Puerto Patriada-Epuyén, territorio provincial, y a los pocos días el Gobernador de Chubut, Ignacio Torres, declara, ante las numerosas campañas que organizó la población para recolectar insumos para los brigadistas, que la mejor forma de colaborar era visitar la Comarca.
Hay coincidencias que resuenan a burla, a provocación. Y hay coincidencias. Entre estas últimas, la apelación permanente al enemigo interno encarnado en las comunidades originarias y el voto de apoyo incondicional del gobierno provincial a los proyectos de Nación más allá de las performances con las que ambos hacen política.
El fuego en Puerto Patriada- Epuyén- El Hoyo está “contenido”. Las brigadas siguen trabajando y habrá mucho para reconstruir. Las y los vecinos de la zona tienen la fortaleza de la experiencia y el cuerpo cargado de dolor, pero saben de acción fraterna y de solidaridad que se da y se recibe. El “Fuego que fuega” de Bodoc es y será siempre una “maravilla” entre los de acá.
Allí, al igual que en Cholila y Lago Rivadavia, la sede comunitaria de operaciones se sitúa en una escuela. Sí, son escuelas los lugares donde se reciben las donaciones, donde se prepara la comida para brigadistas, donde se atienden las cuestiones médicas y son docentes quienes las abren en tiempo de receso.
El otro fuego, el de la Muerte y su hijo, está en su etapa de mayor violencia en el PNA pero viene erosionando el lugar desde hace tiempo.
La relación entre pobladores y autoridades del Parque no ha estado exenta de asperezas y los más antiguos pobladores cuentan que antes sacaban caña y ramas caídas para calefacción. Luego se prohibió. Tampoco prosperaron propuestas como las de algún artesano que ofrecía recoger madera caída para trabajar.
Tras la pandemia que mantuvo todo lugar público inhabilitado, el PNA reabrió con muchas limitaciones. Varios accesos al lago fueron cerrados y ya no se podía acampar. Se juntaron firmas y se solicitó a la Intendencia del Parque que habilite el pernocte sin respuesta formal aunque sí fáctica. Quienes residimos en la zona solíamos pasar un fin de semana, celebrar un cumpleaños o simplemente descansar algunos días en los campings libres. Ya no, únicamente se habilitó la estadía durante el día. En paralelo a esta restricción se incrementaron las ofertas privadas de acampe, la instalación de domos, concesiones para labor turística en general. El pernocte en los campings libres era una manera, limitada sin dudas a su espacio cercano, de reducir también el volumen de madera caída porque se utilizaba en los fogones. Y era la forma de que todos pudiésemos disfrutar del parque independientemente de los recursos económicos de los que disponemos.
Entretanto, se acumuló material combustible por años. Hoy están dadas las condiciones óptimas para arder gracias a la sequía que venimos padeciendo. Se sabe que los bosques tienen un ciclo que incluye incendios, pero la magnitud que alcancen podría ser prevista con los avances científicos y tecnológicos y actuar en consecuencia, aunque claro, no hay fondos para lo público.
El personal de Parques Nacionales, brigadistas entre ellos, se ha reducido de manera significativa desde 2024 debido a despidos y/o condiciones de precariedad laboral expulsivas. En parte esta reducción se utilizó como argumento para las restricciones de uso.
Es aquí donde se hace imprescindible hablar del desalojo de la Lof Pailako, de las tres familias denostadas, de las rucas derribadas, del show mediático para el que sí hubo recursos económicos, del traslado descomunal de fuerzas represivas, del personal del PNA que colaboró en la destrucción. Lo que advierte el empresario turístico hoy, lo señalaba por entonces y con preocupación la comunidad. El video del desalojo muestra la barbarie y la complicidad. Allí, no parecía haber interferencias jurisdiccionales que luego sí se hicieron notar. Allí estaba Bullrich y también estaba Ignacio Torres.
Nos preguntamos quién o quiénes encarnan la Muerte de nuestros Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales en este mundo también nuestro. Pasada ya la primera cuarta parte del Siglo XXI y con Democracias agonizantes, nos preguntamos una y otra vez si es ella, la Muerte, madre de un vástago feroz, uno y sólo uno. Y si existe el Odio Eterno como absoluto o se manifiesta si, y sólo si, se dan ciertas condiciones.
(*) Integrante de APDH Esquel
Publicado en Huellas del Sur
Imagen de portada: Nicolás Palacios.
