LA TROPA TRIBUNALICIA AYUDA AL PERIODISMO DE GUERRA
UNA VEZ MÁS, LOS FALLOS VAN DE LAS REDACCIONES A LOS EXPEDIENTES
El despliegue opositor contra el Gobierno, que como siempre empieza y termina en la centralidad de los medios, tiene en estos días el aporte de resoluciones judiciales conocidas en detalle en las cuevas del periodismo de guerra antes de que estuvieran estampadas en los expedientes. Al mismo tiempo, el canciller Felipe Solá es objeto de un fuego coordinado, que llega al extremo de erigir al supuesto reemplazante.
Un relato también unánime entre Clarín, Infobae y La Nación cuenta días y horas de presunta falta total de diálogo entre el Presidente la Vice, en reemplazo del guión de meses anteriores, que la describía a “Ella” hablándole a “Él” a cada minuto, frenéticamente, sin darle descanso ni respiro y condicionándolo en todos los temas.
Es cierto que, a diferencia de otros períodos desde el 10 de diciembre de 2019, en estos días los columnistas tienen de qué agarrarse para imaginar al Frente de Todos en el rumbo desastroso que anhelan desde el momento mismo en que Cristina Kirchner propuso la unidad y la precandidatura de Alberto Fernández. La ayudita vino del lado de los tribunales que forman parte del dispositivo que hace un año debió ceder el Gobierno, lo que no quiere decir que haya aceptado resignar poder político ni demorar ambiciones.
Las resoluciones judiciales contra el kirchnerismo en los casos de las fotocopias y de Amado Boudou son festejadas hasta el éxtasis por redactores de los tres medios, no porque los distinga la sed de justicia, sino porque además de mantener la demonización de ese sector político les sirven para alentar la destrucción del Frente gobernante.
Como lo demuestra la historia de los últimos quince años, era previsible que las resoluciones tribunalicias fueran “primicias exclusivas” en estos medios antes de producirse y, tras cartón, combustible político para las estrategias permanentes. Por eso el martes Salinas tecleó en Clarín que el apoyo de Casación a las tropelías con los “arrepentidos” cometidas por la banda Bonadío-Stornelli fue un “duro golpe”, “fuerte revés” y “durísimo golpe” para Cristina Kirchner. “Un revés” para Ella, copió Ini en La Nación.
Y en cuanto a la resolución en que la Corte contra Boudou, aún antes de que fuera conocida ya estaban publicados los títulos preguntándose cuándo el ex vicepresidente será enviado de vuelta a la cárcel, que es un placer que estas empresas no quieren resignar.
Según estos relatos, el Presidente discute con la figura del “arrepentido” y su explotación por las bandas que copan parte del sistema judicial y el jefe de Gabinete lo hace respecto de la decisión política contra Boudou solo por el hecho de que “Ella” los tiene bajo control y los obliga a “obedecer”.
La misma clave es usada respecto de la fórmula de cálculo de las jubilaciones. Cristina Kirchner, dicen, resuelve según le da la gana e impone su decisión al Presidente, que no hace más que acatar. Por supuesto, a veces en este relato hay deslices o descuidos, que ojalá no traigan consecuencias indeseables: el jueves en Clarín el periodista especializado Bermúdez dice que el cambio de fórmula fue propuesto por el bloque de senadores del Frente “luego de consultar” al Presidente. Sin embargo, a unos centímetros de distancia el columnista Miri firma que “Cristina dio vuelta” la propuesta del Ejecutivo.
El que tiene un respiro es el ministro Guzmán, porque el trabajo editorial implacable de Clarín, Infobae y La Nación para hacerlo caer perdió en estos días ímpetu dado que las energías fueron orientadas contra el canciller Solá.
El tono socarrón de días anteriores porque Joe Biden llamó primero a su amigo chileno, el represor Piñera, antes que a Fernández, dio paso a una descripción según la cual el diálogo con el presidente estadounidense electo no pudo haber salido peor, todo por culpa del canciller, presuntamente por revelar algo que debía permanecer en secreto, y es la queja argentina porque el representante de Trump en el FMI no hace más que ponerle trabas al país.
No hay nota que alcance para estos fines, y por eso dieron la misma versión y la misma interpretación Letjman en Infobae, Niebieskikwait, Bonelli y Kirschbaum en Clarín, Jacquelin, Olivera y Berenzstein en La Nación, además de un par de títulos en tapas. Varios de ellos hablan de Solá como canciller “por ahora”. Tal vez porque van a buscar información a la misma embajada, varios de ellos ya tienen a Argüello, el embajador argentino en Washington, como reemplazante.
Un mismo ADN político y de clase se deja ver en estos medios respecto de temas aparentemente desconectados: Diego Maradona como figura política y referencia popular, el racismo aberrante de Los Pumas, el ataque a las y los docentes de clases no acomodadas que puso en marcha la odiadora serial Soledad Acuña, ministra del “dialoguista” jefe de Gobierno porteño.
Pagni en La Nación mantuvo viva la acusación al Gobierno de intentar “apropiarse” de Maradona así como intenta “apropiarse del pasado” -por tener su lectura de la historia remota y reciente-, lo que en su singular elucubración conecta con el “adoctrinamiento” del que habla Acuña.
El miércoles en Clarín quedó demostrado que peor que un oligarca auténtico es el del medio pelo que quiere parecerse y asimilarse a las castas más privilegiadas. Maradona no fue un “ángel” ni Los Pumas son un “demonio”, firmó Roa. Y al fin, los muchachotes del rugby pidieron perdón y es “creíble” que cambiaron. En cambio, “Maradona se arrepintió poco o nada”. Y se queja: ¿quién se dio a la tarea de buscar los mensajes que desnudan el racismo de los supremacistas ahora arrepentidos?
Al final, no eran más que unos “tuits desagradables”, como escribió Del Río en La Nación, y no se los puede comparar con las náuseas que experimenta uno de los Wiñazki en Clarín cuando recuerda que Maradona se había tatuado en la piel a Fidel Castro y al Che Guevara.
En suma, días de desnudez ideológica: En Infobae, el sábado, Claudia Peiró fue ubicada en un lugar preponderante con la teoría del “adoctrinamiento” y su descripción de un “Roca ignorado” frente a un “Cámpora exaltado”, en manuales escolares. Su queja es por demás transparente: esos textos no destacan la “consolidación territorial” lograda por el general Roca. Esto recuerda a Esteban Bullrich pidiendo una “segunda campaña del Desierto”, en los tiempos en que Macri lo había puesto como ministro, sin duda una medida de enorme efectividad para atacar el sistema educativo público, como saben hacerlo muy bien Acuña y Larreta.
