San Martín, Cartas desobedientes
(*) Guillermo Cieza
La entronización de José de San Martín como Padre de la Patria, fue promovida en su versión mitrista, que procuró vincularlo al ideario liberal de las elites que modelaron el país después de la batalla de Caseros. Se inventaron un San Martín a contrapelo de su trayectoria.
En vida, San Martín fue un militar despreciado por las élites porteñas, que lo rechazaban por sus rasgos físicos, correspondientes a un mestizo guarani, y por su obstinada decisión de no subordinarse a los mandatos de la ciudad puerto. La mezquindad, y el apego a los intereses mercantiles por encima de cualquier vocación nacional, que caracterizó a los comerciantes porteños, fueron la contracara de un militar que siempre pensó en términos de Patria Grande, y reivindicó a los sujetos sociales que efectivamente se involucraron en la guerra independentistas.
Desde la caída del partido morenista, los intereses de los dirigentes políticos de Buenos Aires y San Martín siempre estuvieron enfrentados. Mitre mencionó la “desobediencia de San Martín” al Directorio, como una diferencia táctica en una circunstancia coyuntural (1818-1819). Fue mucho más que eso. Tenían proyectos diferentes.
En el momento de la declaración de la independencia, Buenos Aires, estaba sumido en una grave crisis política. Tropas enviadas por Carlos María de Alvear para reprimir a la Liga Federal liderada por Artigas, que incluía a los caudillos Pancho Ramirez (Entre Ríos), Estanislao López (Santa Fé) y Juan B. Bustos (Cordoba), se insurreccionaron en Fontezuela, y el Cabildo de Buenos Aires nombró nuevo Director Supremo a Ignacio Alvarez Thomas.
La declaración de la independencia en Tucumán, el 9 de julio de 1816, fue forzada por los caudillos militares de la época: José de San Martin, Manuel Belgrano y Martín Miguel de Guemes y los representantes de las guerrillas del Alto Perú, a contrapelo de la opinión de los porteños. Pero los intereses de la ciudad puerto siguieron pesando para tratar de subordinar a Artigas, que se había anticipado un año en la declaración de la independencia.
El Congreso se trasladó a Buenos Aires y nombró Director Supremo a Juan Martín de Püeyrredon, que había apoyado a San Martin en la declaración de la independencia. Pero el nuevo funcionario no tardó en ordenar a San Martín que postergara la campaña a Chile y movilizara el ejército que organizaba en Mendoza para combatir a los caudillos federales.
San Martín no acató la orden y apuró el cruce de los Andes, que se inició el 18 de enero de 1817. Esta decisión generó el enojo de los porteños, pero no consiguieron que el Libertador cambiara su actitud. Por el contrario, promovió que una misión del gobierno chileno, tratara de mediar en el conflicto entre el federalismo y Buenos Aires.
Tratando de facilitar un acercamiento le escribe a Artigas: “Mi más apreciable paisano y señor: no puedo ni debo analizar las causas de esta guerra entre hermanos. Y lo más sensible es que siendo todos de iguales opiniones en sus principios, es decir, de la emancipación e independencia absoluta de España. Pero sean cuales fueran las causas, creo que debemos cortar toda diferencia y dedicarnos a la destrucción de nuestros enemigos, los españoles, quedándonos tiempo para transar nuestras desavenencias como nos acomode, sin que haya un tercero en discordia que pueda aprovechar estas críticas circunstancias. Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas. Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón. No tengo más pretensión que la felicidad de la Patria. En el momento en que ésta se vea libre, renunciaré al empleo que obtenga para retirarme, teniendo el consuelo de ver a mis conciudadanos libres e independientes”.
La furia que desataron en los porteños las posturas de San Martín, y esta carta que fue interceptada por el Directorio (por lo tanto, nunca le llegó Artigas), se expresó en una misiva que le envió Juán Martín de Pueyrredón, que era su amigo. Le escribe: “aplaudo y agradezco el celo con que usted corre a todos los peligros del estado; pero siento que un concepto equivocado del riesgo haya privado a usted de la comodidad que podía disfrutar por algunos días hasta que se tocase otra nueva tarea. Es sin duda el mismo concepto de hallarse este pueblo en riesgo de ser destrozado por los anarquistas que movió y decidió al gobierno de Chile a apoyar esta determinación de oficio… nuestra situación es muy distinta a la que se creyó, y lejos de necesitar padrinos, estamos en caso de imponer la ley a los anarquistas… ¿ Cuáles son las ventajas que usted se ha prometido en esta misión? ¿Es acaso docilizar el genio feroz de Artigas…? Él sabe muy bien que una paz… es el arma más segura y eficaz para su destrucción porque el ejemplo de nuestro orden destruye las bases de su imperio: esto lo empezó a sentir el año pasado y por eso me remitió todos los oficiales prisioneros y cerró los puertos orientales a nuestro comercio… De aquí que él (Artigas) siempre dice que quiere paz, pero sujetándola a condiciones humillantes e injuriosas para las Provincias Unidas.
Pueyrredón se sintió muy molesto con la misión chilena, y le anticipó a San Martin que.” …me he resuelto prevenir a los diputados que suspendan todo paso en ejercicio de su comisión, también se lo digo a usted en contestación a su oficio”. El Libertador, que siguió sosteniendo que la unica solución era un arreglo pacifico entre el Directorio y “los montoneros”, le escribió a su amigo y colaborador Guido. ” Por lo que veo esta guerra no va a concluir y solo tengo esperanzas en que la comisión de Chile y mis buenos deseos, puedan apagarla pues de lo contrario, aunque salgamos victoriosos, el resultado será perder a los bravos, aniquilar todo género de recursos, aumentar mutuamente odiosidad, desvastar la campaña…”
Manuel Belgrano, si acató las ordenes de Pueyrredon y al frente del ejercito del Norte, enfrentó a La Liga Federal. Pero no tardó en concluir un armisticio con Estanislao Lopez el 19 de abril de 1819, que se conoce como Pacto de San Lorenzo. Este pacto reconocía la autonomía de Santa Fe con respecto a Buenos Aires, haciendo retroceder las pretensiones hegemónicas porteñas, pero por otro lado generó conflictos en la Liga Federal, porque no participaba Artigas, que lideraba los intereses del conjunto. San Martín felicitó a Belgrano por ese acuerdo, escribiéndole: “Este pueblo ha recibido el mayor placer con su noticia, esperanzado en que en que se corte una guerra en la que solo se vierte sangre americana”. El Pacto de San Lorenzo fue saboteado por los políticos porteños y le costará a Belgrano su cargo al frente del Ejercito del Norte.
Pueyrredón fue sucedido como Director Supremo por José Rondeau, que asumió en junio de 1819, y le ordenó a San Martin que abandonara sus preparativos para su expedición al Perú, y retornara al país con su ejército para enfrentar a los federales. San Martín volvió a negarse y renunció a su cargo. Argumentó que había sido nombrado por un Directorio que se oponía a la campaña al Perú, pero que además este organismo de gobierno había cesado en sus funciones, porque los federales encabezados por Lopez y Ramírez habían derrotado a los porteños en la batalla de Cepeda y ocupado Buenos Aires. Sus propios oficiales del ejército de los Andes, que firmaron el Acta de Rancagua lo repusieron en su cargo. En esas condiciones marchó a Perú para realizar una campaña donde proclamó la independencia de ese país.
Federales y unitarios recordarán el proyecto y las decisiones políticas de San Martin, a su regreso del Perú. Fue recibido con honores por los federales en Santa Fe y con la amenaza de un juicio militar en Buenos Aires.
La decisión de entregar el mando de sus tropas a Simón Bolívar para que termine la gesta independentista, y sus 26 años de exilio en Europa, antes de su fallecimiento, solo pueden entenderse repasando su trayectoria y su confrontación permanente con los intereses y los proyectos porteños.
(*) Publicado en Huella del Sur
